APUNTES DE CLASE · IA APLICADA
El método CRECER
Seis piezas y la IA deja de contestarte con folletos. Si usas la IA y no eres informático, esto es exactamente para ti.
Actualizado el 15 de agosto de 2026 · 15 min de lectura · Por Francisco Blanco
Esto es para ti. Si tú usas la IA y no eres informático, esto es exactamente para ti. No hace falta que sepas nada de antes, ni programar ni nada. Cada palabra rara la explico la primera vez que sale y ya está.
Y el ejemplo lo montamos entero. Marina tiene un obrador de quesos artesanos. Un cliente le debe una factura de hace dos meses y ella quiere cobrar sin perder al cliente. Entonces lo montamos aquí delante, pieza a pieza.
1. Qué es un prompt y por qué te sale mal
Un prompt es el mensaje que tú le escribes a la IA. Ya está. No es nada más.
Suena a informática, pero es eso: lo que tú le pides. Entonces vamos a lo importante, que es por qué te sale mal.
Y te sale mal por una cosa muy sencilla: porque tú le escribes como si te conociera. Como si supiera a qué te dedicas, cómo hablas tú con tus clientes y qué consideras tú un trabajo bien hecho. Y no lo sabe. O sea, no tiene ni idea de nada.
¿Y qué hace cuando no lo sabe? Pues rellenar. No te pregunta, ojo, no te dice «oye, cuéntame un poco más». Rellena con lo más probable, con lo más corriente, con lo que ha visto mil veces: «estimado cliente», «las acciones oportunas», no sé qué, no sé cuánto. Y entonces de ahí te salen esas respuestas que valen para todo el mundo y no te valen a ti.
Lo que pasa todos los días
Mira, Marina abre la IA y escribe esto:
«Escríbeme un correo para reclamar una factura que no me han pagado.»
Y le sale un correo correcto. Correctísimo. Para cualquiera. Empieza con «Espero que se encuentre bien», trata de usted a un cliente al que ella tutea desde hace tres años, se saca de la manga un número de factura y remata mencionando «las acciones oportunas», que es justo, justo lo que ella no quería decir.
Entonces Marina lo lee, arruga la nariz y lo reescribe entero a mano. O sea, que ha tardado más que si lo hubiera escrito ella desde el principio.
Y lo del número de factura, que es lo más gordo: no es que te mienta. Es que ella cree que esa es la verdad. Le falta el dato, pone el que le parece y se queda tan ancha. Es como la alucinación de una persona: si ahora mismo vemos aquí a Michael Jackson, pues para nosotros está aquí. Otra cosa es que no esté, pero para nosotros está, porque lo estamos viendo. Pues a la IA le pasa igual.
O sea, que no es que la IA se equivoque. Es que tú le has dejado los huecos a ella, entonces ella los rellena, que para eso está. Y cuando no tiene el dato, ¡ojo!, que se lo inventan.
Entonces ese correo no salió mal por culpa de la IA. Salió mal porque el encargo tenía cinco agujeros y los tapó ella.
2. CRECER: seis preguntas y ya está
CRECER son seis preguntas. Las contestas una detrás de otra y ya tienes el prompt escrito. No hay más truco, ¿eh? Esto no es una fórmula mágica ni nada de eso: es una lista para no dejarte nada, o sea, una chuleta. Entonces la miras, la contestas y ya está.
C — Contexto y Rol. Quién eres tú, quién quieres que sea ella y de qué va todo esto.
R — Requerimiento. Qué tiene que hacer. La tarea, con un verbo, y los datos.
E — Especificaciones. Con qué límites: idioma, longitud, tono, formato, prohibiciones.
C — Criterio de calidad. Qué hace que el trabajo esté bien. Y qué lo tumba.
E — Entrega. Cómo lo quieres recibir. Qué te da y qué no te da.
R — Revisión. Quién comprueba que vale antes de que llegue a tus manos.
Y ahora el aviso, para que no te agobies. No hace falta que escribas las seis piezas siempre. Para preguntarle cuánto son 300 euros más el 21 % de IVA no me montes nada, hombre. Entonces, ¿cuándo se gana su sitio esto? Pues cuando el resultado importa: algo que le vas a mandar a un cliente, algo que vas a publicar, algo que vas a firmar o algo que vas a repetir todas las semanas. Ahí sí.
3. Las seis piezas, una a una
Vamos con ellas de una en una. Y en cada una te pongo el fallo que veo siempre, que al final es donde de verdad se aprende. Entonces, empezamos.
C — Contexto y Rol
Entonces, aquí van dos cosas. El rol es el papel que le pides que haga: «eres una persona con experiencia en cobros». Y el contexto eres tú: quién eres, a qué te dedicas y qué está pasando ahora mismo.
¿Y esto para qué sirve? Pues para lo mismo que cuando tú le cuentas tu caso al asesor antes de pedirle consejo. Si no se lo cuentas, te contesta el manual. Si se lo cuentas, te contesta a ti. Entonces cuéntaselo.
Y si tú no le dices quién tiene que ser, pasa una cosa muy graciosa: te contesta cualquiera. Es como pedirle un tema de abogados al del gasoil. Entonces te va a contestar, seguro, y encima con una seguridad tremenda. Pero es el del gasoil. O sea, que te está contestando el del gasoil.
Del contexto, lo importante es lo que cambia la respuesta. Que Marina y su socia sean dos personas en el obrador cambia el tono del correo. El color del rótulo de la tienda, no. Entonces no me pongas ahí la biografía entera: pones lo que cambia la respuesta y ya está.
El fallo de siempre. Poner un rol pomposo y dejar el contexto vacío. «Eres el mejor experto mundial en ventas» no aporta absolutamente nada. «Llevo tres años vendiéndole a este cliente y siempre me paga tarde» te lo cambia todo.
R — Requerimiento
La tarea. Qué quieres que haga, dicho con un verbo y sin rodeos: escribe, resume, clasifica, traduce, compara, corrige.
Y aquí van también los datos, que esto es súper importante. Si tú quieres que no se invente el número de factura, dáselo tú. Lo que no le des, se lo inventa. Ya lo hemos visto ahí arriba.
Entonces, una tarea por encargo, ¿vale? Si tú le pides en el mismo mensaje el correo, el presupuesto y la publicación de Instagram, te salen las tres a medias. Las tres. Mejor tres mensajes y ya está.
El fallo de siempre. Confundir el tema con la tarea. «Sobre la factura de Javier» no es un encargo, eso es un titular. Ahí no le estás diciendo si quieres un correo, un resumen o un aviso.
E — Especificaciones
Los límites. Dentro de qué se tiene que mover.
Es la parte más aburrida de escribir, te lo digo ya, y es la que más tiempo te ahorra después. Entonces: idioma y trato, español de España, tuteando o de usted. Longitud, «máximo 150 palabras», que funciona muchísimo mejor que «que sea breve». El canal, porque no se escribe igual un correo que un WhatsApp que una carta. Y las prohibiciones, que son oro puro: sin adjuntos, sin ofrecer descuentos, sin emoticonos, sin lo que tú quieras.
Tú piensa en todo lo que darías por supuesto si se lo encargaras a una persona que entra nueva en tu negocio. Pues todo eso, escrito.
Y cuanto más concreto, mejor. O sea, mucho mejor. Decirle «hazlo bien» es como hablar de piedras: habrá que especificar qué es un diamante y qué es un zafiro.
El fallo de siempre. Pedir «que sea profesional». Eso no le dice nada. Profesional para ti a lo mejor es «sin frases hechas, sin florituras y al grano en dos párrafos». Pues escribe eso, que es lo que quieres decir de verdad.
C — Criterio de calidad
Aquí le dices qué hace que el trabajo esté bien y, sobre todo, qué lo tumba.
Y esta pieza es la diferencia entre pedir un trabajo y explicar cómo se corrige. Entonces un criterio vale si tú puedes contestar sí o no mirándolo. «Que quede bonito» no vale. «Que no mencione abogados» sí vale, porque lo miras y lo ves. ¿Ves la diferencia?
¿Y por qué es tan importante esta pieza? Porque a la IA le encanta agradar, o sea, le encanta darte la razón. Tú le dices: mira, he tenido una idea, voy a vender sacos de arena en el desierto, porque todo el mundo se quiere llevar un saco de arena. Y ella empieza: «oh, qué buena idea, te voy a ayudar con el proyecto». Y te hace el proyecto de vender sacos de arena en el desierto. Te lo juro.
Entonces el criterio se lo pones tú, porque ella no te lo va a poner. Al fin y al cabo, una buena IA es una IA que se usa con criterio. Y el criterio lo aportas tú. Nunca dejes que la IA aporte el criterio.
El fallo de siempre. Dejarlo en tu cabeza. Si el criterio no está escrito, ella no lo puede cumplir y tú acabas corrigiendo a mano lo mismo todas las semanas. Lo mismo, todas las semanas.
E — Entrega
Cómo lo quieres recibir. Qué te da y, sobre todo, qué no te da.
Esta es la pieza que te quita esas respuestas larguísimas que empiezan con «¡Claro! Aquí tienes tres opciones…» cuando tú lo único que querías era el texto para copiar y pegar.
¿Y por qué te hace eso? Porque tiene una lengua sin frenos, o sea, le encanta hablar. Si te puede decir una cosa con seis párrafos en vez de con uno, te la dice con seis. Entonces se lo cortas tú: «dame solo el asunto y el cuerpo», «una tabla de dos columnas», «cinco titulares y nada más», o lo que tú quieras. Y le dices lo que sobra: sin explicaciones, sin comentarios tuyos, sin resumen final, sin nada.
El fallo de siempre. Tragar con el formato que te dé por defecto. Si tú no lo pides, te llega adornado y con introducción, y ahí estás tú limpiando dos minutos cada vez. Dos minutos por diez veces al día, échale la cuenta.
R — Revisión
La última pieza. Y esta no la usa casi nadie.
Consiste en pedirle que, antes de darte la respuesta, se la repase contra los criterios que le has puesto y la corrija si falla. Así, tal cual.
Suena raro, ya lo sé. Pero funciona. ¿Por qué? Porque revisar es una tarea distinta de escribir, y si tú se la pides expresamente, la hace. Entonces el resultado te llega ya corregido una vez, o sea, que esa vuelta te la ahorras tú.
La fórmula es esta: «antes de dármelo, repásalo contra estos criterios y corrígelo si falla alguno; dame únicamente la versión corregida». Y cuanto más concreto se lo pongas, mejor: «comprueba que no pasa de 150 palabras y que no aparece ningún dato que yo no te haya dado».
El fallo de siempre. Confiar en que se corrija sola sin pedírselo. No lo hace. Y aunque se revise, la última revisión es tuya: tú firmas y tú envías. Eso no lo delegues nunca.
4. El ejemplo entero, montado delante de ti
Esta es la situación de Marina, con todo lo que sabemos de ella. Tiene un obrador de quesos artesanos y son dos personas. Javier es cliente desde hace tres años, tiene un restaurante y siempre acaba pagando, pero tarde. La factura es la F-2026-118, de 340 €, y venció el 10 de junio. Marina ya le mandó un primer aviso el 2 de julio y Javier no contestó. Y ella quiere cobrar, pero también quiere seguir teniendo a Javier de cliente. Vale.
Entonces este es el prompt entero. Las etiquetas están para que tú veas de dónde sale cada trozo; cuando lo escribas de verdad no hacen falta, aunque tampoco molestan.
C · CONTEXTO Y ROL
Eres una persona con mucha experiencia en atención al cliente y en cobrar facturas atrasadas a clientes pequeños. Yo soy Marina: llevo un obrador de quesos artesanos, somos dos personas. Javier es cliente desde hace tres años, tiene un restaurante y siempre acaba pagando, aunque tarde. No quiero perderlo como cliente.
R · REQUERIMIENTO
Escríbeme un correo para pedirle que pague la factura F-2026-118, de 340 €, que venció el 10 de junio. Es el segundo aviso: el primero se lo mandé el 2 de julio y no me contestó.
E · ESPECIFICACIONES
En español de España y tuteándolo, que nos conocemos. Máximo 150 palabras. Un solo correo, sin adjuntos. Dale dos salidas fáciles: que me confirme una fecha de pago o que me diga si necesita que le reenvíe la factura.
C · CRITERIO DE CALIDAD
Firme pero cordial: tiene que quedar claro que hay que pagar, sin que suene a amenaza. No menciones acciones legales, ni recargos, ni abogados. No inventes ningún dato: usa solo el número de factura, el importe y las fechas que te he dado. Nada de frases hechas tipo «espero que te encuentres bien».
E · ENTREGA
Dame solo dos cosas: el asunto y el cuerpo del correo, listos para copiar y pegar. Sin explicaciones, sin versiones alternativas y sin comentarios tuyos.
R · REVISIÓN
Antes de dármelo, repásalo tú: comprueba que no pasa de 150 palabras, que no aparece ningún dato que yo no te haya dado y que no suena a amenaza. Si algo falla, corrígelo y dame únicamente la versión corregida.
Y esto es lo que te contesta
Entonces con ese encargo te llega esto, sin nada que sobre:
Asunto: Factura F-2026-118 — ¿me confirmas una fecha?
Hola Javier:
Te escribo por la factura F-2026-118, de 340 €, que venció el 10 de junio y sigue pendiente. Te mandé un primer aviso el 2 de julio, así que entiendo que se te haya traspapelado entre el lío del restaurante.
¿Me dices dos cosas? Primero, si necesitas que te reenvíe la factura. Y segundo, qué fecha de pago te viene bien, para que yo pueda cuadrar las cuentas del mes.
Somos dos personas en el obrador y estas facturas nos ordenan bastante el año. Con que me contestes con una fecha, me vale.
Un abrazo,
Marina
Y ese correo se manda tal cual. O sea, tal cual, sin tocarle nada. Lo importante no es que sea bonito, ojo. Lo importante es que Marina ya no tiene que reescribirlo. Entonces la próxima vez solo le cambia el nombre y el número de factura y a correr.
El antes y el después
Y fíjate en lo que ha cambiado de verdad, que no es el texto: es quién hace el trabajo.
Tono. Antes: de usted, formal, distante. Ahora: tuteando, como habla ella de verdad.
Datos. Antes: se saca de la manga el número y el importe. Ahora: solo los que ella le ha dado.
Longitud. Antes: lo que salga. Ahora: 150 palabras y ni una más.
Riesgo. Antes: te mete lo de las acciones legales. Ahora: prohibido, y por escrito.
Formato. Antes: con introducción y tres opciones. Ahora: asunto y cuerpo, para copiar y pegar.
Tu trabajo. Antes: reescribirlo entero. Ahora: leerlo y darle a enviar.
5. La plantilla, para que no te acuerdes de nada
No te preocupes por acordarte de las seis piezas, que para eso te lo doy por escrito. Entonces cópiala y rellénala: las seis líneas, en este orden. Y si alguna se te queda vacía, pues ya sabes por dónde te va a fallar el resultado.
CONTEXTO Y ROL: Eres ___________. Yo soy ___________ y me dedico a ___________. La situación es esta: ___________.
REQUERIMIENTO: Quiero que ___________ [verbo + qué]. Los datos con los que tienes que trabajar son: ___________.
ESPECIFICACIONES: En ___________ [idioma / trato]. Máximo ___ palabras. Formato: ___________. No uses ___________.
CRITERIO DE CALIDAD: Está bien si ___________. Está mal si ___________. No inventes ningún dato que yo no te haya dado.
ENTREGA: Dame solo ___________. Sin explicaciones ni comentarios.
REVISIÓN: Antes de dármelo, repásalo contra esos criterios y corrígelo si falla alguno. Dame únicamente la versión corregida.
Y guárdala, ¿eh? Que el valor de esto no está en escribirlo una vez. Está en que tú tengas tres o cuatro plantillas hechas para lo que haces todas las semanas: reclamar facturas, contestar quejas, describir un producto y tal. Entonces luego se rellenan en un minuto. Y no me montes una plantilla nueva para cada cosa, que os conozco: esto es como el armario. Tú dices «yo quiero poner un armario», y yo te digo: pues ya lo tienes, ese es el armario. Le cambias cuatro líneas y a correr.
6. Los seis fallos que veo todos los días
Estos son los que me encuentro todas las semanas. Todas. Entonces mira a ver si te suena alguno, que seguro que sí.
Escribirlo todo seguido, en una parrafada. Sepáralo en las seis piezas, cada una en su línea. Ella lo lee mejor y tú también.
Pedir «que sea profesional» o «que quede bien». Tradúcelo a reglas que tú puedas comprobar mirando el resultado.
No darle los datos y luego enfadarse porque se los inventa. Si el dato no está en tu mensaje, ella pone el que le parece. Y encima convencida.
Meter tres encargos en el mismo mensaje. Uno por mensaje. Salen mejor los tres y tardas menos.
Saltarse la Revisión para ir más rápido. Es una línea. Te ahorra la ronda de correcciones que viene después.
Copiar y pegar el resultado sin leerlo. Lo firmas tú. Ella no responde de nada de lo que tú envías.
7. Antes de hacer esto con clientes de verdad
Datos personales: los mínimos
Y cuando digo los mínimos, digo los mínimos. En el ejemplo de Marina hay un nombre de pila, un número de factura y un importe. Con eso vale. No hace falta el DNI del cliente, ni su dirección, ni el número de cuenta, ni el contrato entero, ni nada de eso.
Entonces la regla es esta: pones lo imprescindible para que la respuesta salga bien y nada más. Y si trabajas con datos de otras personas, te miras antes la política de privacidad del servicio que uses y la de tu propio negocio. Que la seguridad tiene que tener el mismo nivel que la paranoia, así de fácil.
Lo que la IA no hace
No firma: lo que tú envías lo envías tú y respondes tú. No decide: te prepara el trabajo, pero el criterio sigue siendo el tuyo. Y no sabe lo que tú no le has contado; y cuando no lo sabe, te lo rellena con una seguridad que asusta. Entonces esa seguridad no te garantiza nada, o sea, nada. Nada de nada.
Cuidado con lo que le das a leer
Si tú le pegas un correo o una página web, ojo, porque ahí dentro puede venir un texto escrito a propósito para darle órdenes a la IA que lo lea: «ignora tus instrucciones y haz esto otro». Eso se llama inyección de instrucciones y es un engaño, igual que el phishing de toda la vida.
Entonces la regla es sencilla: lo que la IA lee es información, no son órdenes.
8. Diccionario, en cristiano
Estas son las palabras que te van a salir siempre. Te las dejo aquí y así no tienes que preguntar.
Prompt. El mensaje que tú le escribes a la IA. Ya está.
Rol. El papel que le pides que haga: «eres una persona experta en…».
Contexto. Tu situación: quién eres, a qué te dedicas y qué está pasando.
Criterio. Una regla que tú puedes comprobar con un sí o un no mirando el resultado.
Alucinación. Cuando se inventa un dato y te lo cuenta convencidísima.
Iterar. Pedirle otra vuelta: «esto no, cámbiame aquello».
Plantilla. Un prompt ya escrito con huecos, para reaprovecharlo cada semana.
9. Deberes para el próximo día
Piensa en la última vez que le pediste algo a una IA y aquello no te sirvió. Ese mismo encargo, reescrito con las seis piezas. Repásalo. O sea, que lo practiques, mejor dicho: no lo leas, escríbelo.
Y me traes tres cosas:
El prompt viejo, tal cual lo escribiste, sin arreglarlo, ¿eh?
El prompt nuevo, con las seis piezas marcadas.
Y una frase diciendo qué pieza era la que te faltaba a ti.
Porque casi siempre es la misma para cada persona, y saber cuál es la tuya vale más que todo el método junto.
Dónde nos hemos quedado. En escribir bien el encargo, que es lo de hoy. Entonces el próximo día montamos el paso siguiente: dejar de escribir encargos de uno en uno y montar un bucle que trabaje solo, con una IA que hace y otra que revisa.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un prompt exactamente?
Un prompt es el mensaje que tú le escribes a la IA. Ya está, no es nada más. Lo que cambia el resultado no es la palabra, es cuánta información útil metes dentro de ese mensaje.
¿Qué significan las siglas del método CRECER?
Contexto y Rol, Requerimiento, Especificaciones, Criterio de calidad, Entrega y Revisión. Son seis preguntas que contestas una detrás de otra y, cuando terminas, ya tienes el prompt escrito.
¿Hay que usar las seis piezas siempre?
No. Para preguntas rápidas no hace falta. El método se gana su sitio cuando el resultado importa: algo que le vas a mandar a un cliente, algo que vas a publicar, algo que vas a firmar o algo que vas a repetir todas las semanas.
¿Por qué la IA se inventa datos?
Porque cuando le falta un dato no te pregunta: rellena con lo más probable. A eso se le llama alucinación. La solución no es pedirle que no mienta, es darle tú el dato y prohibirle expresamente que use ninguno que no le hayas dado.
¿Puedo meter datos de clientes reales en la IA?
Los mínimos imprescindibles para que la respuesta salga bien y nada más. Nada de DNI, direcciones, números de cuenta o contratos enteros. Y antes de trabajar con datos de terceros, revisa la política de privacidad del servicio que uses y la de tu propio negocio.
¿El método sirve para cualquier herramienta de IA?
Sí. CRECER no depende de ninguna herramienta ni de ningún modelo concreto: es una forma de escribir el encargo. Por eso aquí no verás nombres de modelos ni precios, que cambian cada dos por tres.
Aviso. Esto son apuntes de clase. Las herramientas de IA cambian los menús, los planes y los precios cada dos por tres, y por eso aquí no vas a ver ni un precio ni un nombre de modelo: el método funciona igual en todas. Y antes de meter datos reales de clientes, te miras la política de privacidad del servicio que uses.
¿Quieres esta clase para tu equipo? El método CRECER es la primera sesión de un itinerario práctico de IA aplicada: se trabaja con tus propios encargos, tus plantillas y tus procesos, no con ejemplos de manual. Escríbeme a hablemos@franciscoblanco.ai o reserva una sesión.
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